En un día tan especial como la celebración del Día de las Madres es costumbre, entre otras cosas, regalar flores. Las flores constituyen un magnífico regalo, nuestras madres en sus dos grandes condiciones, la de mujer y la demadre, son siempre agradecidas y se llenan de emoción con un regalo de este tipo.

Si las flores se convierten en la opción para regalar el Día de las Madres, la incertidumbre que se presenta es ¿Cuáles flores son las adecuadas? Así se comienza la búsqueda, especialmente hoy día con la ayuda de Internet, muy útil, pero a veces más bien un problema, dado que la variedad de artículos que hay al respecto hace difícil tomar la decisión.

En Venezuela, según la opinión de muchos, resulta bastante adecuado escoger para regalo las orquídeas. Este tipo de flor, además de hermosa, es nuestra flor nacional, así que goza de nuestra admiración y respeto. Sin embargo, pensando en el día de las

madres precisamente, y no solo en el regalo, siempre vienen a nuestra mente diferentes imágenes de nuestra querida madre. Y al pensar regalarle flores o alguna planta hermosa, veo con mucha alegría aquellos días en que mi madre le daba cuidados a sus violetas.

Cuando era un muchacho, todas las tardes al llegar a casa luego de su jornada de trabajo, mi madre se dedicaba plenamente a ver por

sus violetas. Tenía una gran colección, la más grande que hayan visto mis ojos de cerca. Y es que, a pesar de su nombre, esta planta puede

dar flores en otros colores, hay de varios tipos. Mi madre tenía en su colección las clásicas de color violeta pero también azules, rosadas,

lavanda, amarillas, vino tinto (las más bonitas), blancas, entre otras.

Para que prendieran, tomaba una hojita con tallo y la colocaba en pequeño frasco de vidrio lleno de agua hasta la mitad. Cada frasco

tenía una tapa hecha con papel de aluminio y sujetada mediante una liga. Solamente por un pequeño orificio se hacia pasar el tallo de la planta hasta tocar el agua. Así las dejaba por varios días, hasta que le salían pequeñas ramitas, lo cual indicaba que era el momento de plantarlas.

Sobre el espacio destinado al cultivo de las violetas instaló una malla verde de plástico para filtrar la luz. Para plantarlas usaba generalmente porrones de plástico color ladrillo. En ocasiones les colocaba pastillas de esas que venden en los viveros para ayudarlas a crecer. Otra tarea muy importante era revisar si existían hojas en muy mal estado para retirarlas. En fin, era trabajo de mucha dedicación, pero puedo asegurar que para mi madre no era en realidad una labor sino más bien el mejor de sus pasatiempos para entonces.

Su entrega le hacía olvidar del resto del mundo, en especial de los problemas, era tanta su fascinación que podía ver sus ojos brillar, mientras espléndidamente cantaba. Tal vez la voz de mi mamá, Laura Rosa estimulaba el crecimiento de las violetas, sus flores siempre fueron hermosas y llenas de vida.

Entonces, a pesar de ser su segundo nombre no será una rosa lo que quisiera regalarle a mi madre en su día, ni tampoco orquídeas, por hermosas que sean. Serán violetas, para hacerle recordar esos días, algo que tanto le fascinaba y poder trasladarla en un viaje fantástico de felicidad.

El asunto es que no hay una flor determinada para regalar en el Día de las Madres. Regalemos flores pues, cuales quiera que estemos seguros son las que más le gustan, o con las que tengan alguna conexión especial, aquella que cada quien sabe es la flor favorita de mamá, sean Rosas, Orquídeas o Violetas. Y acompañemos las flores con un efusivo abrazo y un gran Te Amo Mamá. Feliz día de las Madres.

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